La Bandera de Rino Island
El Partido de la Unidad Nacional Rinoislandés es el principal partido político de Rino Island, actualmente en el poder con el Presidente de la República Sr. Marco Antonio Rino. Fue fundado en 2012 por el primer presidente del país, Sr. Vittorio Rino, con el nombre de Partido Unidad y Progreso, adoptando en su congreso ideológico del año 2017 su nombre actual. 

Han sido presidentes de la República y miembros del partido los siguientes

  1. Vittorio Rino QEPD (2009-2013)
  2. Benedetto Samperi (2013-2014)
  3. Junta de Gobierno, Presidida por Anastasio López (2017-2018)
  4. Marco Antonio Rino (2018-2020)
Emblema del Partido de la Unidad Nacional Rinoislandés


Ideología Política y Propuestas
Patria, Trabajo y Libertad!

El Partido de la Unidad Nacional Rinoislandés busca fomentar el genuino espíritu de amor a la patria y la conciencia de pertenecer a una comunidad forjada en la historia y destino común.
Consideramos que la unión y el fin de las luchas internas artificiales son el camino para construir una nación. Sólo un sistema económico justo e instituciones de carácter patriota nos permitirán alcanzar justicia social, movilidad social, cooperación y solidaridad social a fin de lograr ser una nación unida con un tejido social fuerte y saludable. 
Para esto, es necesario afianzar un solido y fuerte gobierno presidencial, que defienda los derechos inalienables de las personas y la libertad individual a nivel interno, y que a nivel exterior constituya un sólido frente de defensa de la patria. 
En materia económica defendemos la libertad, y la libre empresa como máxima expresión de esto. Por ello en Rino Island existe un libre mercado, aunque dentro de un régimen monetario estricto. 
A nivel internacional la economía globalizada sólo promueve la inmigración descontrolada, la institucionalización de la usura y la entrega de soberanía a las empresas y capitales transnacionales; para mantener la soberanía es que RINOCO debe tener control de todas las operaciones internacionales. 
Todos los agentes de la producción, trabajadores y patronos por igual, hijos de una misma tierra, deben formar una única estructura sindical corporativista, expresada en la forma que estipula nuestra constitución nacional. La lucha de clases solo existe en tanto se genere dicha lucha pues cuantos contribuyen a la producción como interesados en una misma gran empresa común no son adversarios sino aliados en la lucha. Son así reflejo fiel de la organización política de Rino Island: unidad, solidaridad y verticalidad.
Consideramos que los pueblos de Iberoamérica comparten identidad y cultura, formando una gran familia hispánica, cristiana y occidental, con naturales y legítimas nacionalidades entre sí, y los aportes con que el sincretismo los ha enriquecido y otorgado singularidad propia.
El PUNR defiende la superación de la lucha de clases, pues esta solo existe en tanto se genere dicha oposición. Cuantos contribuyen a la Nación como interesados en una misma gran empresa común no son adversarios sino aliados.
Expresión de esto deben ser los legítimos derechos populares de participación en la vida económica, social y política, en una democracia real y orgánica. Interesa mucho para este fin distribuir las cargas con prudencia y determinarlas con claridad para no quebrantar derechos de nadie. Lo común debe administrarse con toda integridad, de modo que la cuantía del socorro esté determinada por la necesidad de cada uno; que los derechos y deberes de los patronos se conjuguen armónicamente con los derechos y deberes de los obreros.
Desde el PUNR defendemos la Libertad de los individuos y de la Nación. Ambos deben ser libres, entendiendo la libertad como la ausencia de coacción ilegítima por agentes externos. Ni el Estado debe oprimir los derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.
De la misma manera, la Nación como ser orgánico tiene los mismos derechos que los hombres que la forman. Es el derecho de cada una el tomar entre las naciones de la tierra el puesto separado e igual a que las leyes de la naturaleza y el Dios de esa naturaleza le dan derecho, especialmente cuando una larga serie de abusos y usurpaciones, dirigida invariablemente al mismo objetivo, demuestra el designio de someter al pueblo a un despotismo absoluto, siendo su derecho, es su deber sagrado, derrocar ese gobierno y establecer nuevos resguardos para su futura seguridad, existencia y conservación.

Por esto es que somos antiimperialistas, esencialmente demócratas y pluralistas, y creemos que al defender el derecho de autodeterminación de los pueblos luchamos por cada Nación y por la libertad de cada hombre. Ninguna coacción es legítima cuando implica someter a una nación libre.