El Partido de la Unidad Nacional Rinoislandés es el principal partido político de Rino Island, actualmente en el poder con el Presidente de la República Sr. Marco Antonio Rino. Fue fundado en 2012 por el primer presidente del país, Sr. Vittorio Rino, con el nombre de Partido Unidad y Progreso, adoptando en su congreso ideológico del año 2017 su nombre actual. La Ley que lo regula lo define como la "expresión política de la Nación"

En el espectro político el partido es de centro político. En cuanto a ideología, el partido es esencialmente nacionalista y antichovinista, católico romano, antiimperialista, y apoya la democracia deliberativa como sistema de gobierno. Rechazamos al trostkismo, fascismo y demás ideologías totalitarias, por ser contrarias a la concepción cristiana del ser humano, y a su esencia misma. 

El principal ideólogo de nuestro partido es don Anastasio López, quien gusta de calificarlo amistosamente como "una elegante y sólida combinación de la tradición católica, el antiimperialismo, un toque de historia providencialista, un par buenos vinos tintos y filosofía política clásica"

La posición económica del partido respalda tanto el distributismo católico interno como el capitalismo de Estado en lo que refiere al comercio exterior. El partido también ha expresado su respaldo al consumo de la cerveza con chorrillanas y a la cooperación de los países hispánicos, junto con la teoría de los tres mundos de Mao. 

Los logros del Movimiento Nacional del Partido de la Unidad Nacional Rinoislandés y sus dirigentes en la dirección de la Micro-Nación son evidentes por si mismos. Rino Island no solo posee una solida institucionalidad y prestigio entre las micronaciones, sino que además se ha promovido el desarrollo cultural, y las galletas obleas bañadas en chocolate con dulce de licor con leche (u leche con licor). Por lógica, ello ha derivado en el aumento de los ciudadanos que han adquirido acuarios, como bien ha demostrado el profesor David Hackenber, emérito del Rino Island Institute Of Research.
Han sido presidentes de la República y miembros del partido los siguientes
  1. Vittorio Rino QEPD (2009-2013)
  2. Benedetto Samperi (2013-2014)
  3. Junta de Gobierno, Presidida por Anastasio López (2017-2018)
  4. Marco Antonio Rino (2018-2020)
Emblema del Partido de la Unidad Nacional Rinoislandés. Representa en el fondo el firmamento con la Cruz del Sur guiando a la llama de la fuerza nacional, y un albatros protegiendo su crecimiento y evitando que sea apagada o amenazada. 


Breve Resumen de nuestra Ideología Política y Propuestas

¡Unidad y Progreso!

El Partido de la Unidad Nacional Rinoislandés busca fomentar el genuino espíritu de amor a la patria y la conciencia de pertenecer a una comunidad forjada en la historia y tradición común. Esto es lo que entendemos como la comunidad nacional. 

Nuestro lema "Unidad y Progreso" resume en sí la ideología y visión del movimiento nacional del Partido de la Unidad Nacional Rinoislandés. Precisamente unidad en cuanto a los objetivos nacionales, lo que sumado a la práctica de la democracia deliberativa orgánica. Allí, la deliberación política en el seno del movimiento y el consenso permitirán la construcción de políticas publicas que llevarán al progreso de la mano de nuestro partido, y con ello el cumplimiento de los objetivos nacionales. 

Es incalculable la potencialidad de un pueblo cuando está unido y cuando persigue sus objetivos con tenacidad, avanzando cuando es posible y sabiendo aprovechar las ocasiones oportunas cuando esto es aconsejable. Ese es nuestro camino, saber avanzar y conservar lo alcanzado sin comprometernos en dudosas aventuras, que prometen grandes ganancias a costa de saltos al vacío. La unidad es el camino al progreso. 

Nos parece de trascendental importancia que cada Nación tenga la libertad que un desarrollo requiere. Ello implica que no tenga interferencias en la elección de sus objetivos nacionales, ni en las acciones que realice dentro de lo que implica la actividad estatal. La libertad del Estado implica que no haya interferencias de otros estados en su gobierno ni en sus relaciones exteriores. Esto es lo que bien se denomina Derecho de la Autodeterminación de los Pueblos, el cual es un derecho natural de toda Nación que hace muy poco fue reconocido, y con dificultad, por las potencias. 

Así, todo Estado, y eso incluye a las micronaciones, debe poder darse una forma de gobierno, leyes, y organizarse como bien quiera, sin que las grandes potencias interfieran con su legítimo desarrollo; eso es  lo esencial para el ejercicio de la soberanía. Si un pueblo quiere adoptar el régimen marxista, liberal, u otro es cuestión de su propia gente, y no se debe interferir con esas decisiones soberanas. 

Evidentemente somos antiimperialistas. Como bien lo denunció el estadista chileno Diego Portales, en 1823, las potencias buscan la conquista de los pueblos ya no por las armas, sino por la influencia en toda esfera. No se debe tolerar sus "halagos" ni ofertas de colaboración supeditadas a la servidumbre; solo la colaboración en pleno pie de igualdad puede ser aceptada, y siempre sujeta a los objetivos nacionales. 

En materia de tradición, creemos que los Estados son la expresión de su Nación, y por tanto han de proteger  la tradición que el curso de los tiempos y la historia han impreso en su comunidad nacional. Eso incluye el credo de su gente, pues la espiritualidad es parte esencial e inseparable de la vida. Como una comunidad hispánica, y sudamericana, tenemos a la Iglesia Católica como la del Estado Rinoislandés, siendo libre el culto de cualquiera otra. 

Como expresión de lo anterior, y siendo coherentes con nuestra fe, apoyamos una economía distributista, basada en las obras de G. K. Chesterton. El genio católico resumió así este sistema económico: "demasiado capitalismo no quiere decir muchos capitalistas, sino muy pocos capitalistas". El capitalismo es salvaje, porque busca la monopolización de la riqueza, bajo una falsa premisa de repartija; el marxismo nos parece antihumano por eliminar el libre albedrio de la vida económica. Es necesario, en cambio, que exista propiedad privada, y por ello gente con diversos niveles de riqueza, donde los medios de producción pertenezcan a la comunidad nacional, algunos directamente, como los bienes productivos, y otros en manos de organizaciones cooperativas, donde cada uno contribuya a esa generación de riqueza. 

Al igual que el gran Chesterton, nuestro partido recoge el Satirismo Político, pero no como fin en si mismo, sino como herramienta al servicio de nuestro programa y objetivos. Una broma contribuye a reforzar el mensaje de nuestro movimiento, y al mismo tiempo combate la vieja política dogmática, que pretende cubrir de términos oscuros la cosa política. Queremos un movimiento natural y real, participativo, que no sea una camarilla de intelectuales pedantes que repasan frases ininteligibles y discuten cuestiones inútiles e imprácticas. 

Sucede que la política, lamentablemente, suele ser entendida como espacio para divagación sobre ideologías utópicas, o inclusive un área para que intelectuales para desahoguen sus pasiones argumentales. Todo eso es falso y un error grave. La política de nuestra revolución nacional es una tarea realista y cotidiana de construcción de la convivencia, el bienestar y el progreso de la comunidad nacional.

Entender a la tradición como una continuidad de instituciones y desarrollos en el tiempo no implica que esto sea un inmovilismo político, como el que sustentan los malamente autodenominados "tradicionalistas"; ellos y su ideario son contrarios a nuestra doctrina política. El inmovilismo autodenominado tradicionalista es inviable, pues aunque haya ocasiones en que se requiera prudencia, ella no puede ser contraria al desarrollo mismo de la tradición de los pueblos, que va desarrollándose y variando en sus formas.  Este error del "tradicionalismo" los lleva, por ejemplo, a sustentar regímenes políticos obsoletos, como la monarquía. 

Por tanto, creemos que el sistema de gobierno correcto de la micronación es una republica presidencialista, con un gobierno fuerte, y un Estado unitario, cuyos funcionarios sean formados de la mano de una carrera y estructura, dándoles una debida formación para la participación política micronacional. La administración es una cuestión sumamente relevante, y no puede quedar en un mero arbitrio o juego sin sentido. 

En el micronacionalismo nuestro partido asume y replantea la vieja cuestión entre el llamado "somatismo o secesionismo" y el "simulacionismo". El primero plantea que una micronación, necesariamente para ser un Estado, debe tener un territorio físico, siendo la web un agregado, y frecuentemente reclamar territorio soberano de otro Estado, o vinculado a un grupo humano preexistente distinto de la micronación. Los simulacionistas en cambio se alejan de lo fisico, y plantean que el micronacionalismo es solo la práctica de la simulación de un Estado, y allí la web se confunde con la micronación. Sus fines son la simulación política o cultural, y allí el territorio carece de importancia efectiva.

Frente a ambas posturas, nuestro movimiento plantea el Realismo Micronacional, pues consideramos como evidente que lo que define al Estado es un territorio, población, y gobierno, y la capacidad de establecer relaciones diplomáticas con otros estados, y por tanto se requiere del cumplimiento de dichos requisitos. Con todo, un Estado no siempre podrá mantener plenamente el primer requisito, el territorio, como lo demuestra la existencia de gobiernos en el exilio, o los reclamos de soberanía sobre lugares en los que no se ha tenido materialmente ocupación de territorio, como hicieron los grandes imperios coloniales del pasado. 

Por esto, creemos que un Estado debe al menos reclamar un territorio, que no sea disputado, y tener asociado una población y un gobierno, junto a la capacidad de establecer relaciones diplomáticas. La República de Rino Island reclama desde sus inicios un territorio que no había sido previamente reclamado, como son las islas fantasmas del Océano Pacífico. Tenemos un listado de ciudadanos en crecimiento, evidentemente un gobierno y movimiento unidos por el desarrollo nacional, y hemos demostrado plenamente la capacidad de establecer relaciones diplomáticas con Estados Soberanos. 

Nuestro partido, al plantearse en favor de la autodeterminación de los pueblos, resalta dos consecuencias. Primero, en el ámbito micronacional respetamos la forma de cada micronación para organizar su propio proyecto, desde donde creemos que lo más importante es definir objetivos y formas acordes a las propias necesidades; será valido que halla micronaciones simulacionistas y secesionistas; no será válido que se pretenda imponer uno u otro modelo. Y segundo, que cada nación claramente diferenciada tiene derecho a la independencia nacional, en tanto no sea un grupo que forma parte inseparable de un Estado, con una clara comunidad nacional. El Saharaui y Palestina son evidentemente naciones, y como tales tienen el derecho divino a tomar su lugar entre las naciones de la Tierra, en pleno pie de igualdad y respeto. 

El resto del ideario del partido se encuentra en los textos oficiales del Partido de la Unidad Nacional Rinoislandés, y especialmente en los Congresos Ideológicos del movimiento nacional que se celebran regularmente.